Lunes, 22 Julio 2013 23:18

Los almaceneros de "La República"

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El almacén. Los hermanos Víctor y José Marconetti, junto a dos de las primeras clientas: María y Antonia (Martín Baez/La Voz).

El almacén. Los hermanos Víctor y José Marconetti, junto a dos de las primeras clientas: María y Antonia (Martín Baez/La Voz).

Dice que es almacenero desde la cuna. Que Margarita, su mamá, lo parió prácticamente detrás del mostrador del negocio, mientras Santiago, su papá, asentaba en blocs rayados de tapas verdes las compras “al fiado” que hacían los parroquianos en el tradicional negocio de ramos generales de San Francisco.

“Era un almacén muy grande que tenía mi viejo, en sociedad con un hermano, Lorenzo, y que llegó a atender unas 125 libretas de cancelación anual”, comenta Víctor Marconetti (62). “La mayoría de los clientes eran gringos de las colonias circundantes que pagaban las deudas cuando levantaban la cosecha”, precisa el comerciante. Él y José (60), su hermano y socio, siguen el derrotero familiar; atienden el autoservicio minorista que funciona, desde hace casi 55 años, en Cartechini y Entre Ríos, en barrio Altamira, uno de los territorios que conforman la “República” de San Vicente.

       En esa esquina de la populosa barriada cordobesa, Santiago, Margarita y Emma (hermana de Margarita y viuda de Lorenzo) retomaron la actividad mercantil el 13 de septiembre de 1958, luego de un intervalo no deseado. “Tuvieron que vender en San Francisco y venirse a Córdoba porque mi mamá sufría de asma”, cuenta Víctor.

      Aquí en la gran urbe, la familia se agrandó con la llegada de Julio César, el menor de los cuatro hijos varones del matrimonio.

     En la encrucijada de referencia armaron la despensa con una balanza de plato, un pequeño mostrador, una heladera de madera y un par de estanterías rústicas que les ofreció un vecino.“Se llamaba Castel de apellido. Tenía un almacén al lado, que cerró por cuestiones laborales”, explica Víctor, quien conserva parte de esas reliquias y las exhibe con orgullo. 

     Santiago aceptó gustoso la propuesta. Es que antes de volver al ruedo que lo apasionaba, había trabajado un tiempo como mozo en San Francisco y luego, aquí en la Capital, transportando pasajeros en el ómnibus que había comprado con plata de la venta de su primer negocio. Pero la prestación del servicio no dio el rédito que necesitaba para alimentar a tantas bocas. Entonces, decidió probar suerte en lo que mejor sabía hacer y le gustaba más.

     El día de la independencia. El 5 de mayo de 1976, Santiago entregó las riendas del negocio a Víctor y a José. Ellos conocían los secretos del quehacer porque venían trabajando a la par de sus padres y de la tía Emma, desde que tenían la misma altura que el mostrador de madera maciza. “Se puede decir que ese fue el día de nuestra independencia como almaceneros, aunque el viejo siguió abriendo un tiempo más el negocio, todos los días a las 6.30”, apunta con nostalgia el mayor de los hermanos.

     Ambos coinciden en que su padre les reveló, con su ejemplo, los secretos del buen almacenero: atender a los clientes con respeto y cordialidad, entender que ellos son la razón de ser del negocio y trabajar con precios razonables. “El trato personalizado, la confianza y el afecto que se construye con el tiempo entre comerciantes y clientes marcan la diferencia con las grandes superficies”, desafía Víctor, quien también es secretario del Centro de Almaceneros de Córdoba, desde 1981.

     Y luego de encestar un caldo de gallina en el chango de María, clienta vitalicia del negocio, pone sobre la mesa el comodín de las pequeñas proveedurías de barrio: las ventas al fiado.

     Hay unos 30 clientes que se manejan con esa modalidad. Como aquellos colonos de San Francisco que compraban y pagaban recién cuando levantaban la cosecha.

Las claves del negocio. Víctor y José coinciden en que su padre les reveló, con su ejemplo, los secretos del buen almacenero: atender a los clientes con respeto y cordialidad, y trabajar con precios razonables. “Eso marca la diferencia con las grandes superficies”, desafía Víctor.

Fuente: La Voz del Interior, domingo 21 de Julio 2013